A pesar de las
facilidades y delicias que las computadoras ofrecen, para empezar, la desaparición
de mi callo de escribir; a pesar de la rapidez, la posibilidad de publicar en línea
y muchos otros etcéteras, sigo prefiriendo mi cuaderno, cuando se llena solo es
cosa de inaugurar otro, nadie me cobra por uso de extra especio y además no me
parece el almacenamiento virtual, ni en línea ni en Mis Documentos, más seguro
que mi librero, añadiré por justificación que ese es otro motivo por el que me
he detenido de escribir por tanto tiempo. El motivo más importante, sin
embargo, debe ser la devaluación de mi yo ante mis propios ojos y como un
hechizo destinado a anidar en mí, no podré hasta que mi yo vuelva, hasta que lo
encuentre, al precio que sea y en ese camino es que muchos nos encontramos, en
una búsqueda incesante, el recorres de un complicado laberinto qué, además de
intrincado miente. En los pasillos más claros, los amplios donde no se ve
ninguna desviación son en los que se guardan las peores tentaciones. Decisión
he creído últimamente que de eso se trata todo, de no pensar en salir del
laberinto pero de decidir hacer algo con él, a pesar de las pausas, de las
sillas, de los amigos culturaloides y superficiales, de la façade, de la
hipocresía. A diferencia de muchos de los que nos vemos perdidos en un océano
de pensamientos, de monstruos-miedo y de todo lo demás yo tengo el divino recurso
de poder verme en lo que he venido escribiendo hace tanto tiempo, sin olvidar
jamás lo que no he escrito que queda también como una piedra grabada, como una
tumba en la película de mi devenir. Cuando voy a lo que sí existe y veo ahí mis
pensamientos acusadores, mis palabras viajando en letras inacabables y releo la
inconformidad el cinismo, el sarcasmo, la angustia y lo que se les desprende,
por malo que parezca, por tenebroso, por insultante, me llena de orgullo porque
siempre denoto el gusto por perseguir algo cuando hay tantos que no persiguen
nada. Tengo el regalo de un talento de estilo bien único que ha soportado
huracanes y tiempos de hibernar, largos años sin que se le considere o se le
invite a salir. Me falta un tema, me falta un tema o me falta recargar mi amor
propio en el arco toral que por dentro me construye, me falta concebirme como a
un yo irrepetible, único, un Dios, un creador y dejar venir las saetas, que
para mí han sido inventadas, en especial las de la lengua, mucho más
apasionadas las que vienen de ese pueblo macilento del que me escapé donde de
tanto que no pasa nada los habitantes matan el tiempo jodiendo a los demás. Me
pregunto a veces si habrá cambiado y me respondo siempre lo mismo, que no ha
cambiado en cuatrocientos años, por qué habría de cambiar ahora?
Yo he cambiado?
He evolucionado hacia ese destino mío que me grita, me libera y me constriñe,
como vosotros hermanos, si habéis llegado hasta este renglón es porque tenemos
tanto en común, porque un destino nos espera y porque ése mismo nos quiere
enterar de que no estamos solos.
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