Llegué a este país en un estado tan derrumbado, con cada una de las fibras de mi existencia deshilachada, cuando no cortada totalmente, el sufrimiento constante, incontenible, cada día, cada hora. Pensé que venía para huir, no buscaba un mundo mejor sino uno donde pudiera esconderme. Recuerdo haber deseado una nueva vida -empezar de cero- dije mil veces que todos deben tener la oprtunidadf de empezar de cero, si en aquellos tiempos me hubiesen entrevistado y se hubiera presentado la pregunta de qué era lo que yo poseía, hubiera dicho que absolutamente nada más que mi tristeza, mis frustrado deseo de desaparecer, que no era nada más un deseo, era y fue por años mi labor de cada día, quise eliminarme de la vida, del mapa, borrarme, morirme pero al fallar ante tan ambiciosa hazaña nunca encomendada a los cobardes, empecé a desaparecer-me de otras maneras. Repudiando sin piedad todo lo que yo era, lo que tenía, lo que hacía, lo que no hacía, lo que pensaba y lo que sentía, así un día, sin más, me quedé callado, hice silencio desde adentró, acallé mis pensamientos donde torrentes de inútiles reflexiones existencialistas se daban encuentro, donde las aves de la poesía hacían su nido, allí, en un rincón de mi cabeza donde el filósofo flaco y pedante que es mi escencia se escondía entre su sombra. No se hizo un ruido. Era tal el silencio en el que me convertí que el latido de mi corazón hacía todas las visceras vibrar en un tenebroso compás, como un martilleo molesto en una casa que debería estar abandonada.
Ahora que me miro desde adelante (asumiendo que lo pasado está atrás), puedo apreciar y quizás hasta describir la tiniebla que me envolvía.
La verdad es que los motivos que me llevaron a tan denso deseo de aniquilación no tienen la menor importancia ahora, no la tienen para esta reflexión-relato, la tienen para mí y para la biografía que no se escribirá sobre las viscicitudes de un alma como las demás pero única en más de un sentido. Lo sabré yo que la alojaba en mi cuerpo! (suspiro) ya me he desviado del tema, éste, que me ocupa, decía, no son los motivos que obligaron mi ser absoluto hasta los límites de la autodestrucción si no el punto a donde llegué en tan singular viaje, un punto al que a fin de cuentas llegué, nulificado o no, en trizas, hecho mierda, aquí estoy y para poder entender la majestuosa conclusión de esta historia es necesario conocer un poco de lo que yo era, lo que yo era, eso sí es importante puesto que eso que era me hace lo que hoy no soy.

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