Aquí estamos, estamos tan cerca que casi nos tocamos. Me hiere tu cercanía, tu indiferencia dormida, egoísmo cínico. Debiera irme, y cada uno de nosotros, para enfrentarte desnudo y solo a tu responsabilidad. Cada quien tiene "el cónyuge" que se merece, especialmente en la democracia. Qué sabes tú de democracia, que sabes tú de libertad, sabes dar discursos sobre lo que crees tu propiedad, de estar cansado y a disgusto de sentirte con todos los derechos a los que sutilmente y son percato, les cortas un pedazo cada vez que duermes.
Vamos a rezar un astro labio, que nos lleve a cada coordenada, un astro labio oráculo que llene nuestras esperanzas.
La casa se oscurece a tu llegada y el estruendo de tu voz de orégano alcanza todas las esquinas. Debo abrir las ventanas.
Estamos llenos de arrugas, yo en la cara y tu en los pantalones, arreglo unas si cuidas de las otras, no me reclames responsabilidades que no concederás como derechos. No hay títulos ni personalidades en la cama, en la cama tribunal puedes ser un rey y puedes no ser nada. Mira el reloj, empiezo a amarte a las 12.01 cada día. Apenas son las 3:35 y ya estoy cansado.
He contado todas mis cenizas, habrá que ponerlas en palabras para que un día se merezcan un bestiario.
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